Diario

Crónicas de una peregrinación culinaria

Festivales y Comida 3. Festival Vaisakhi. Un templo dorado, un libro sagrado, una comida bendecida

En Enero de 2019, una noche en Londres, me dió por ver uno de los capítulos de la serie “La historia de Dios” de Morgan Freeman. En este documental Mr. Freeman entrevista varias personas de diferentes creencias para entender algunas de las preguntas que han acompañado a la humanidad desde que existe: Quién es Dios? De dónde venimos? Qué pasa cuando morimos?. Me estaba viendo el documental desde hace unos meses, poquito a poquito, para poder absorber lo que veía en cada uno de ellos. Esa noche de Enero, me dió por ver el capítulo acerca del Sijismo. Morgan visitó el Templo Dorado, ya que es el sitio más grande de peregrinación de esta creencia. Cuando escuché que era en India, busqué en dónde estaba ubicado. Para mi sorpresa estaba también al norte de India no muy lejos de Rishikesh, en ese momento supe inmediatamente cuál sería el siguiente destino después de terminar el curso de yoga.

Durante mi búsqueda en internet, me enteré que el festival mas grande del año ocurriría el 14 de Abril. Esa fue la señal de que debía asistir a este festival, porque el curso de yoga terminaba el 12 de April, así que todo estaba mágicamente planeado.

En el video cuento un poquito en qué consiste el Sijismo. Tiene algunas imprecisiones porque empecé a grabar sin planear, ni prepararme y entonces registré la visión del sijismo desde el punto de vista de algunos creyentes con quienes hablé. De ninguna manera representa una descripción producto de una investigación.

En la mañana del día del festival, salí a conocer un poco las calles de la parte antigua de la ciudad de Amritsar, la capital del estado de Punjab que está ubicado al norte de la India, muy cerca de la frontera con Pakistán. Esta caminata me encantó…calles angostas con pequeños locales comerciales, uno enseguida del otro. Todos los locales atendidos por hombres, que estaban sentados en el piso, con sus piernas cruzadas, como en posición de yoga. No habían asientos en la mayoría de los locales y por ello su facilidad para sentarse cruzados de piernas por horas. Era un bazar, en donde encontraba cualquier cantidad de telas, comida, utensilios para la cocina, molinos de granos, joyería, etc…

Luego me fuí a visitar el restaurante Kesar da Dhaba, que me recomendaron como un restaurante tradicional de la comida de Punjab. El norte de la India, tiene marcadas estaciones. En invierno hacia las montañas las temperaturas pueden caer a cero grados y en verano tiene picos de 45 grados centígrados o incluso mas. En cualquier caso, la comida es bien consistente: siempre cereales (algún tipo de pan de trigo como Chapati o Parantha y arroz), leguminosas (lentejas, fríjoles, garbanzos) y vegetales en cosecha. Yogurt o cuajada de leche siempre acompañan las comidas para ayudar en la mezcla de sabores. Ese día, le encimé uno de los postres tradiciones de esa región: Matka Phirni (pudín de arroz con azafrán y pistacho decorado con papel de plata por encima), preparado en recipiente de barro. Esta receta quedó anotada para hacer mi propia versión con leche de coco o leche de almendras cuando tenga una cocina a la mano. Mientras me servían, me dí cuenta como llegaban familias numerosas, de mas de 8 integrantes: los papás y algunos hijos con sus parejas y los nietos. Su pedido llegaba a la mesa en tazas grandes y todos compartián de todo, es decir no servían en platos independientes, sino que pedían variedad de platos y todos compartían. En una estadía en una casa de familia más adelante, me contaron que es normalmente la forma de comer. Todo se pasa a la mesa y la familia rota las tazas con comida y todos comparten. Fue muy especial, allí en el restaurante observar la danza de platos de comida de un lado para otro, las conversaciones entre ellos con tonos fuertes y las carcajadas de seguramente chistes que estaban contando en el idioma Panjabí.

Ya con mi barriga llena y corazón contento, me fuí a buscar el Templo Dorado. Estaba como a 20 minutos caminando pero casi no llego. Por el camino, empecé a encontrar más templos de la misma creencia y cómo era día del festival de Vaisakhi, todos estaban cocinando y ofreciendo comida a los peregrinos. Me entretuve en cada uno de ellos viendo cómo los voluntarios disfrutaban su momento cocinando y con devoción haciendo pausas para orar. Por momentos pensaba: “tiene que caminar rápido” porque va a anochecer y tal vez se acaban las celebraciones en el Templo Dorado. Sin embargo, mi ClauSapere Aude respondía: “si se acaban las celebraciones no importa, ya estás feliz con lo que estás viendo y viviendo”. Y así, me recorrí, uno a uno los templos, observando y por momentos uniéndome en meditación con los presentes.

Fotos: Mezcla de la harina con el agua para preparar la masa de los chapatis: pan de harina de trigo integral ( primera foto de la segunda fila); producción manual de chapatis por etapas de proceso: preparación de masa, amasado, armar los chapatis, cocinar los chapatis en el fuego (foto del medio), colocar Ghee (mantequilla clarificada) a cada chapati (última foto)

Después de 2 horas finalmente llegué al templo dorado. Es un templo de aproximadamente 5 cuadras a la redonda. Hay tres puntos a las afueras para que los peregrinos dejen sus zapatos y entren descalzos. Entré lentamente y con mucho respeto por una religión que poco conocía, me quería dejar llevar por lo que sentía. Lo primero que me encontré a la entrada fue una estación de comida y allí quedé en asombro con la cantidad de comida que estaban cocinando y el tamaño de las ollas. Los peregrinos hacían fila para comer, yo me comí unas lentejas, con un sabor delicioso, porque la comida estaba bendecida. Me quedé como una hora viendo pelar grandes cantidades de cebolla y la cocción en las pailas gigantes. Cuando ví una se las ollas desocupadas, me reí, porque enseguida pensé que dos Claudias cabían perfectamente allí. 

Después de una hora, empecé a entrar hacia el templo y cuando llegué a la parte central, me senté. El movimiento del agua, las oraciones de fondo, el cielo azul y el color oro del templo me relajaron completamente y en silencio dí gracias a Mr. Freeman por haber servido de canal para que yo pudiera estar allí.

Luego ví que la gente estaba haciendo fila para entrar a la parte principal del Templo Dorado y me decidí. Había visto en el documental de Morgan que los sijes creen en un único Dios y en las enseñanzas que están registradas en el libro sagrado Gurú-Grant-Sajib. El libro original se encuentra en el Templo Dorado y hay réplicas en los demás templos. Tardé una hora, en una fila que avanzaba con el canto de las personas en oración, muy despacio y en tranquilidad. Finalmente llegué y descubrí que los cantos que había venido escuchado por parlantes venían de un grupo que estaba cantando y tocando instrumentos en vivo adentro. Ellos estaban sentados muy cerca del libro sagrado. Los peregrinos entrábamos y le dábamos vuelta al libro, algunos se arrodillaban e inclinaban su cabeza y luego salían. El flujo de personas era constante. No era permitido tomar fotos allí adentro.

Unos días antes una amiga de Londres, cuya familia era originaria de esta región de la India, me sugirió que no fuera el día del festival, porque la cantidad de gente me dejarían una mala experiencia. Sin embargo, sentí que me quería unir. Si, había mucha gente, pero todos estaban en un estado tan pacífico, que en realidad no se sentía el número de personas. Siento que el hecho de que todos los peregrinos estaban felices con la celebración, hacía que no percibiera individuos, sino un todo. En la noche cuando llegué a casa, busqué en google cuantas personas visitan el templo el día de este festival. Y me encontré que el número está por encima de 100,000. 

Me senté en un rinconcito del segundo nivel del templo, al lado de una ventana, mirando hacia fuera las piscinas de agua. Y allí me quedé por un buen rato, con mi corazón en paz y en comunión con la diversidad. De repente sentí que me estaban tocando el brazo, era la mujer que estaba sentada justo a mi lado. Ella estaba leyendo partes del libro sagrado, de una copia de un pequeño folleto que estaban entregando a los peregrinos. Estaba en otro idioma  que me imagino era Panjabí, así es que no pude conocer su contenido. Ella se llenó de curiosidad, ya que se notaba que yo no era de esos lados. Los hombres van con un turbante y las mujeres con Sarees, vestidos largos. Yo me veía como un mosquito en leche y eso le llamo la atención. No hablaba inglés murmuró: Country? País? Respondí Colombia; luego se quedó mirándome a los ojos por unos segundos, bajo su mirada hacia el libro como queriendo que yo entendiera lo que decía el libro y después continuó con su oración.

Feliz de haber tener tenido esta interacción, salí de allí y me bajé de nuevo hacía el área de las piscinas y me dí cuenta que todos estaban con unos platos en la mano. Le pregunté a alguien y me indicó con el dedo en dónde podía tomarlo. Cuando me acerqué a una especie de cabina en donde estaban entregando estos platos, vi el letrero “Karah Parshad”. Es una comida sagrada, una Halva, que se prepara con la misma proporción de semolina de trigo, Ghee (mantequilla clarificada) y azúcar. Es una especie de ofrenda que los peregrinos reciben al visitar el templo. De nuevo me senté a degustar esta ofrenda, esta vez sentada en la orilla de la piscina. Mientras me comía la Halva, me dí cuenta que algunos hombres se quitan algunas prendas y se metían en el agua, lo mismo que algunos niños. Más tarde me contaron, que el bañarse en la piscina es un acto simbólico de limpieza, purificación y bendición. El mismo significado que tiene el agua en varias creencias.

Karah Parshad: Halva. Dulce preparado con semolina de    trigo   ,    Ghee    (mantequilla clarificada) y    azúcar

Karah Parshad: Halva. Dulce preparado con semolina de trigo, Ghee (mantequilla clarificada) y azúcar

Ya el atardecer estaba llegando, y recordé que un amigo me dijo: “trata de ir a las cocinas del templo”, al Langar, comedor comunitario. Muy tímida, empecé a acercarme al área que me indicaron como cocina y vi una gran fila. Caí en cuenta que estaban haciendo fila para recibir la comida y entonces empecé a hacer fila. Es un comedor que acoge a  entre 1000 y 1200 peregrinos en una sola sentada y cada 20 minutos entra un nuevo grupo. Hay dos comedores iguales. Se vale repetir, solo levantar la mano basta para que uno de los voluntarios corra al sitio en donde una se encuentra y sirva un poco más.

Cuando terminé de comer, le pregunté a uno de los voluntarios que si podía entrar a las cocinas. El empezó a buscar a alguien que entendiera un poquito de inglés y así fue, tuve la fortuna de ser guiada por un hombre maravilloso que con mucha paciencia me llevó a lo que considero un complejo de producción de comida fresca, hecha con las manos, saludable y preparada con mucha devoción. El Templo Dorado está abierto 365 días al año, 24 horas al día siempre ofreciendo comida gratis a los peregrinos. En ese día: 100,000 comensales!

Después de este acto culinario, regresé a la piscina justo en el momento en que la noche estaba llegando. Una oración empezó y todos de pié empezaron a orar. Cerré mis ojos y me dejé llevar por la devoción de todas estas personas que estaban a mi alrededor. Después de un rato regresé al hotel y desde la terraza pude presenciar la celebración con fuegos artificiales. Con ello cerré mi día y entendí que la conexión con mi espíritu está asociada a compartir la oración y la comida.


Colorín Colorado, Dorada como el templo he quedado

El yoga: Re-conectando con la verdadera Claudia

Siempre he corrido en mi vida. Esta es una herencia de mi mamá, a quien acompañaba a correr cuando yo tenía tal vez 7 años. El parque más cercano a la casa estaba como a media hora trotando, pero valía la pena ir a este parque porque era grande y cada vuelta a la pista externa de atletismo eran tal vez 4 kilómetros. Con dos vueltas al parque era suficiente para sentir el corazón latiendo y lleno de vida.  Corría sin ningún propósito o intención diferente a la de disfrutar la sensación que me generaba. Seguí corriendo por algunos años durante mi adolescencia y al llegar a la universidad y empezar la vida laboral casi que abandoné esta pasión por completo. En el 2007 empecé a correr de nuevo, pero esta vez, un poco contaminada por la idea de la competencia y los límites, lo convertí en mi afición. Justo en el momento en que las competencias de 10 kilómetros, media maratón y maratón estaban de moda. Es curioso, porque recuerdo que cuando era niña corría con cualquier tipo de zapatos deportivos, el hecho era que me sintiera cómoda con ellos. Cuando en el 2007 empecé a trotar de nuevo, la cosa se empezó a complicar, las tiendas de deportes ofrecían una variedad de calzado para cada deporte específico y cada marca profesaba tener la última tecnología para los atletas, con la mejor suela para amortiguar el impacto en las rodillas, las mejores telas para facilitar la transpiración del pié, etc. Cuando era niña el punto era trotar; ya en mis 30 el trotar incluía emplear unas cuantas horas en una tienda de deportes para escoger los zapatos más apropiados!

Al principio tuve que empezar a construir la resistencia necesaria para poder soportar largas distancias, pero mis músculos empezaron a recordar rápidamente mis carreras de años atrás. Estoy casi segura, que cuando era adolescente corría trayectos más largos, pero como no sabía la distancia, mi cuerpo me avisaba cuando parar. En cambio, al tener el número 10 kilómetros, 20 kilómetros, etc.. en la mente de alguna manera sentí que ponía una barrera o llevaba mi cuerpo más allá de sus límites, dejándome llevar por información externa, en lugar del ritmo de mi respiración.

No puedo negar que disfruté esos años de competencia, pero entre más corría, mayores metas me ponía. Como no contaba con un entrenador, decidí, entrenarme yo misma y terminé comprando sensor de ritmo cardiaco para el pecho y contador de pasos para los pies. Al final, cuando salía a correr, necesitaba un buen tiempo antes para “robotizarme” con tantos aparatos. Y para completar, me dio por empezar a correr con música. Ahora me da risa, porque si recreo esta imagen es como si me metiera en una burbuja y saliera a correr. Nada parecido a cuando era niña, bastaba de una camiseta, una pantalonera y unos zapatos cualquiera y salir a correr y como regalo escuchar los pájaros que apenas se estaban despertando cuando llegábamos al parque con mi mamá.

Con esa mentalidad competitiva, terminé compitiendo con sí misma: corrí en Bogotá varias carreras de 10 kilómetros y una media maratón. Y entonces, llegó el momento de partir hacia el Reino Unido. Bogotá está ubicada a 2600 kilómetros a nivel del mar, lo que significa que cuando llegué a Londres, en donde la topografía es muy plana, mi estado físico estaba perfecto, tenía mayor resistencia y con esa sensación, el deseo de empezar a correr para participar en maratones en Europa se convirtió en mi obsesión. Empecé entonces con carreras de 10 y 15 kilómetros y pronto me lancé a una media maratón en Diciembre del 2011. Con el acelerador puesto en todos los aspectos de mi vida, me propuse correr la primera maratón de Londres en Abril de 2013.

Y así empecé a entrenar, principalmente en Hyde Park, en el centro de Londres. Todos los días después del trabajo corría mínimo 5 kilómetros y los fines de semana hacía mi auto-entrenamiento de 10 k, 15 k..y lentamente iba aumentando un kilómetro cada semana. Todo estaba bien, hasta que al final del 2012, empecé a tener un dolor ocasionado por la fascia plantar. No le presté atención, porque correr la maratón era más importante. Tan pronto calentaba, el dolor se iba y luego me tenía que aguantar de nuevo el dolor horas después de terminar de correr.

En Marzo del 2013, un sábado llegué a Hyde Park a entrenar y tan pronto di el primer paso para empezar, un dolor intenso (más parecía como corriente eléctrica) empezó en el talón derecho, subió hacia los gemelos, replicó en la rodilla y terminó en el glúteo y me tumbó al piso…me hizo llorar. No me pude levantar del piso de nuevo. Mi amado en esa época me levantó y nos devolvimos en taxi a casa.

No pude caminar por una semana hasta cuando finalmente visité al médico y empecé terapias de rehabilitación. El diagnóstico de los terapeutas fue que no podía volver a correr, porque mis rodillas estaban seriamente afectadas. Plop! Tuve un choque emocional fuerte por un par de meses, porque correr se había convertido en parte de mi vida. Estuve en terapias todo el 2013. En Marzo de 2014 mi amiga Miss Kiwi que llevo en el alma porque me ha mostrado varios caminos en mi trabajo personal, me invitó a un retiro de Yoga en Francia. Lo que yo entendía por yoga en ese momento era estiramiento y algo que practicaban las personas que no les gustaba hacer ejercicio, que no les gustaba poner su corazón a toda revolución. Sin embargo, acepté. 

Con ese pre-condicionamiento acerca del yoga, llegué al curso con un comportamiento un poco arrogante, diciéndome a mí misma que sería fácil, porque al final del cuento yo corría largas distancias, y para mi ego eso era mejor que cualquier otra cosa. Por otro lado, tengo una flexibilidad natural desde niña y entonces me dije: “esto va ser pan comido”.

Oh sorpresa, cuando en la primera clase me sentí un desastre. Lo que más me llamó la atención fue mi falta de coordinación, ocasionada por la poca concentración cuando estaba atendiendo las instrucciones. La flexibilidad que tenía no me servía para nada y mejor no hablar del equilibrio. Mi mente empezó a excusarse diciendo: “Es porque no ha podido correr, ni hacer ejercicio en el último año”.

Hay algo curioso en mi personalidad, tengo una fuerte inclinación por las experiencias desconocidas, los caminos menos recorridos, por probar cosas nuevas, por empezar de nuevo, por aprender de temas de los cuales no tengo ni idea. Sin embargo, durante la primera fase, cuando veo que no tengo la competencia (porque por supuesto hasta ahora estoy aprendiendo), me da rabia conmigo, siento impotencia al no tener el conocimiento de inmediato, porque lo quiero saber ya. Y entonces los tres primeros días en el retiro fueron de frustración y rabia.

Al cuarto día, por unos segundos durante una de las poses que explicaba la profesora sentí mi respiración. Por primera vez tenía esa sensación de tener la paciencia necesaria para sentir cómo el aire entró, alimentó algo por dentro y después salió, fueron segundos. En ese momento, sentí que había algo en esta práctica y que quería conocer más. Los días siguientes, fluctuaron entre la motivación de querer saber más acerca del yoga y aún algo de frustración y rabia por no saber nada. 

Al final del retiro, le pregunté a la profesora que si conocía un buen profesor en Londres. Me dió un nombre y ahí quedó anotado en una libreta. Durante los siguientes meses, me convencí a mí misma que no necesitaba profesor, que podía aprender yoga en youtube. Hasta que finalmente un día, me desperté y me pregunté: A quién estoy engañando?. Busque en mis apuntes, el nombre y luego en internet la dirección. Y me fuí directamente esa mañana para allá. Eso fue en Agosto del 2014 y nació como una curiosidad por aquello que sentí por segundos en el retiro y como una alternativa al no poder volver a correr.

Puedo decir que lo más valioso de la práctica del yoga hasta el momento ha sido trabajar esa parte de mí que no tiene paciencia y cultivar humildad. Empecé como una principiante y aún soy principiante. Mi proceso ha sido muy lento. Pero el bajar la cabeza y decir: ok, no sé nada de yoga, aquí estoy, ha sido ya una gran lección. Y por otro lado, tener la paciencia de practicar una y otra vez las mismas pocas poses, porque el profesor no me dejó avanzar por años; ha sido lo más valioso para mí. Empecé a estar contenta con lo poco que puedo hacer y desde ese estado es donde he sentido la sabiduría del yoga. 

Mis prácticas todos estos años fueron 3 o 4 veces a la semana en las mañanas antes de ir a trabajar. Y aquí no puedo pasar, sin expresar gratitud a mi profesor Hamish de Ashtanga Yoga London y al grupo de ayudantes, quien por 5 años tuve una relación profesor-estudiante en cual aprendí que es posible enseñar sin hablar, con simples ajustes cada día me dió a probar el yoga con gotero.

Después de 3 años de práctica, empecé a sentir como ciertas poses tocaban algo dentro de mí, que generaban emociones fuertes al punto que me hacían llorar. No entendía porque estaba pasando, porque no tenía razones para llorar, sin embargo la práctica activaba algo dentro. Ahí me di cuenta que algo se estaba moviendo no solo en mi cuerpo físico, sino también en el emocional. Y entonces, quise dedicar un tiempo para conocer un poco más y es así como mi viaje en el 2019, ha empezado con un curso de yoga en India. Al menos, podía practicar, sin limites de tiempo y no tener que salir corriendo a trabajar.

El 12 de April de 2019 terminé el curso en Rishikesh, un curso que se enfocó en sentir. Quiero compartir con ustedes unas lecciones muy sencillas que aprendí durante este mes en India gracias a la guía del profesor Matthew Sweeney. No tiene que ver para nada con lo que mi cuerpo físico puede hacer, porque un mes en India, un mes en Londres o en mes en cualquier parte del mundo es lo mismo. Venir un mes a practicar yoga a India no significa que voy a avanzar más en comparación con practicar en otra ciudad, tampoco ocurre a nivel emocional, psicológico o espiritual. El cuerpo, la mente y el alma tienen su ritmo, no se puede obligar a tener saltos cuánticos, con tan solo visitar otro país.

Comparto entonces algunas frases e ideas que me abrieron a otras posibilidades de reflexión durante el curso:

  • Qué es ser saludable? Es el comportamiento y la reacción que tenemos ante la enfermedad. Esta visión de “que es ser saludable” me encantó!

  • Qué es el apego? Comer de cierta manera para perder peso, practicar yoga para llegar a un estado especial, en otras palabras hacer las cosas de cierta manera para obtener algo. Cuando hacemos las cosas buscando obtener algo o llegar a cierto estado, estamos de inmediato diciendo que no estamos contentos con lo que tenemos o somos hoy. Y entonces, el punto de partida de por sí, es equivocado.

  • Como ser mas saludable? Estar feliz con lo que tiene hoy, no esperar a comer algo especial o a tener tiempo para practicar yoga por ejemplo.

  • La disciplina no conduce a la iluminación. Este es un tema que está en gran discusión en el momento, ya que se está llegando al punto de debatir cuál es el “mejor” tipo de yoga, cuál es el “original”, cuál es el “tradicional”. Algunas prácticas mencionan que si no se madruga a las 3 de la mañana a practicar, siguiendo unos rituales particulares durante 6 días en la semana, no se es devoto, no se está haciendo lo correcto. En mi opinión, esta visión nos lleva a crear de nuevo división. Podemos practicar al pie de la letra con instrucciones, pero si por ejemplo, después de la práctica salimos a trabajar y allí hablamos mal de nuestros compañeros, no colaboramos, no trabajamos en equipo, la misma da.

  • Estar en equilibrio no significa eliminar cosas, sino reconocerlas. Este tema del yin y el yan se ve tan simple, pero en realidad, al menos en mi caso, su aplicación es una maestría de por vida. Este nuevo significado de lo que es estar en equilibrio y tener una vida balanceada, ha puesto paz en mi corazón en relación con cuestionamientos internos sobre eliminar necesidades que aparentemente no están bien. El solo reconocerlas, abre el espacio para que empecemos a observar quién es el que está deseando o creando la necesidad. En ese punto entendemos el origen del deseo, de manera que eventualmente nuestra observación nos lleva a decidir hasta qué punto dejo o no dejo de hacer algo.

  • La teoría paradójica del cambio menciona que “El cambio se produce cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es”. Esta teoría puede tener repercusión profunda en todos los cambios que estamos enfrentando en el mundo o aquellos cambios que deseamos promover en nosotros o en nuestras comunidades. Cuando hablamos de cambio usualmente hacemos un mapa mental de cuál es la situación actual y cuál es la situación deseada y luego se diseña un plan para lograr la situación deseada. 

    • A nivel personal: Estamos bombardeados por los medios de información, de una imagen idealizada de cómo debemos vestirnos, como debemos lucir, como debemos hablar, que capacitaciones debemos tener para lograr los cambios que deseamos en nuestra vida. La teoría paradójica del cambio refuerza el hecho, de que no nos debemos “convertir” en algo, sino simplemente volver a ser quién realmente somos.

    • A nivel corporativo: Por años estuve asesorando procesos de cambio en diferentes compañías y puedo decir que en la mayoría de los casos, las empresas implementan cambios movidas por lo que está de “moda”, por lo que más “vende”, pero no se han dado cuenta que la esencia de la compañía, esa intención inicial que motivó su creación, está completamente olvidada. Las empresas han dejado de ser quienes verdaderamente son. Y por ello, el motivo de sus crisis.

Después de toda esta historia, lo mejor de este cuento es que volví a correr y a subir montañas. Esta vez, sin aparatos, sin música, sin competencia; porque con la práctica del yoga he aprendido que para resistir físicamente y emocionalmente cualquier circunstancia, la clave está en la respiración y en observar los pensamientos que llegan a mi mente, para ponerlos en su lugar. El yoga me ha servido para volver a correr y treparme en las montañas como cuando era niña, me re-conectó con esa niña interior. Quiero aclarar que el yoga llegó a impactar mi vida de esta manera, pero estoy convencida que no es la única vía y cualquier otra práctica o actividad que se realice con amor, nos hará crecer y re-encontrar con esa niña interior.

Trepada de Montaña: Templo Kunjapuri. Caminata para ver el amanecer, respirar, compartir con amigos, ver la presencia del masculino y el femenino en la naturaleza (las flores, que nos encontramos por el camino), y al final refrescarnos con jugo de caña de azúcar con sal para recuperar los minerales que el cuerpo perdió al sudar durante la caminata

Ahhh y que pasó con la comida? Los desayunos han sido desde siempre en mi vida la comida mas importante durante el día. La práctica de yoga requiere de un estómago vacío y nuestras clases terminaban alrededor de las 11 de la mañana. A esa hora un desayuno cargado de cereales o frutas en diferentes versiones, se convirtió en la mejor forma de consentirme durante este mes. Los dejo con algunas ideas de desayunos!

  1. Upma: Una especie de mazamorra preparada con semolina de trigo tostada o harina de arroz, con vegetales y mani. 2. Lassi de Rosa. Yogurt licuado con dulce de Rosa. 3. Jugo de verduras y frutas: espinaca, apio, manzana. 4. Parantha (pan de trigo relleno de verduras con papas cocinadas y doradas con comino. 5. Ensalada hecha en mi cuarto en el hotel con hojuelas de arroz de base con nueces y frutos secos y papaya y granada por encima. 6. Kombucha (te fermentado con bacterias que ponen contento a nuestro intestino. 7. Ensalada de frutas al frente del rio Ganges. 8. Desayuno al mejor estilo de Raj (Quién es Raj?) con granola (cereales y frutas) hecha en casa

Mi curso de yoga terminó y con estas enseñanzas a mediados de Abril del 2019, tomé un avión que me llevaría a la ciudad de Amritsar en el distrito de Punjab, en la frontera con Pakistán. Ojeando la revista de la aerolínea en el avión durante el vuelo, encontré esta frase:

“El viajero ve lo que el ve, El turista ve lo que él a venido a ver” Gilbert Chesterton

Sonreí, miré las nubes del cielo por la ventana del avión y le recordé: Claudia Victoria, recuerda que eres una viajera o mejor una peregrina, no una turista!

Festivales y Comida 2. Festival Holi. Rishikesh, India

Cuando decidí viajar, recibí el apoyo y guía de una persona muy especial, que me orientó en como darle un tema a mi viaje. Como un esqueleto, para que se fuera llenado de músculos y piel con mi caminar. Sentía que no era viajar por viajar lo que quería, sino que quería nutrirme con los encuentros con diferentes personas y dejar mi granito de arena por el sendero. Quise entonces proponerme participar en ciertos festivales y observar la relación de la comida en ellos. La idea me encantó y me llenó del entusiasmo necesario para organizar este proyecto. Así, por un par de meses en el 2018, me fui a visitar bibliotecas queriendo conocer un poco más sobre esta relación comida y festivales. Y muy rápido me sentí frustrada. Me di cuenta, que tan ilusa era si quería empezar mi viaje sabiendo en detalle la historia y los porqués de los festivales y sus platos tradicionales.Y por otro lado, la lectura se sentía muy fría, sin vida. Mi mente me estaba dominando, esa mente que quiere racionalizar, intelectualizar y documentar. Seguramente me quería sentir cual reportera de la National Geographic o de la BBC! Esa mente que planea todo al mínimo detalle y no deja espacio para la creatividad, me estaba alejando de mi verdadera motivación.  Me detuve entonces en esa locura que seguir en bibliotecas y tomé la decisión de emprender el viaje sin planear y sin saber nada del tema, pero manteniendo el esqueleto. 

La forma en como reaccioné inicialmente, al meterme a la biblioteca por horas, me hizo recordar una charla que unos meses atrás tuve con una amiga:

“Estamos en un momento de “certificacioncitis”. Curso aquí, actualización allá, capacitación más allá. El tema es llenarnos de información y diplomas. Lo interesante de este fenómeno, es que entre más certificados tenemos, más nos sentimos que “no somos lo suficientemente buenos”. 

Nuestra charla no estaba despreciando el conocimiento y la curiosidad por nuevas cosas, era un cuestionamiento de que tanto queremos saber y lo más importante para qué. El solo conocimiento es teórico, si no se pone en práctica no tiene sentido, porque no se “siente”. Solo hasta cuando se toca con las manos el resultado del conocimiento aplicado, solo hasta ese momento se entiende de que se trata, se interioriza y el ciclo se cierra con un deseo sincero de enseñar a los demás lo aprendido. Aquí el tema es tener humildad, humildad de conocimiento. No tenemos el tiempo para poner en práctica todo lo que aprendemos en tantos cursos y por ello es importante ser selectivo de acuerdo con nuestros principios. De lo contrario, saltando de curso en curso, se genera esta sensación de frustración de “querer saber más, porque no es suficiente”. 

Estaba ocurriendo lo mismo con mi intención de experimentar los festivales y su comida: Leer, leer y leer y llegar como una persona “ilustrada” en el tema de los festivales antes de vivirlos. Aquí entonces me pregunté: Qué es lo mínimo que necesito saber antes de viajar? Y la respuesta de ClauSapere Aude (mi voz interior) fue inmediata: “Nada. Todo lo va a aprender en el camino”

El primer festival que presencié fue el día del Pancake en Inglaterra

Ya instalada en Rishikesh en India, me enteré del Festival Holi: “Festival de primavera”, “festival de colores” o “festival del amor”. Y con este festival me ocurrió, con un efecto retardado, uno de esos momentos “Ajá”. Estos momentos, cuando por fin entendemos algo que entra por el intelecto y baja al corazón. No sé si les pasa a ustedes también, pero cuando tengo un momento ajá, lo siento muy dentro en el centro del cuerpo y en ese momento sé que eso que acabo de entender es conocimiento transformado, es decir sabiduría. 

El 20 de Marzo de 2019 en la noche (día de luna llena) empezó la celebración del Holi en toda India, celebraciones que terminaron al medio día del jueves 21 de Marzo. Con el grupo de yoga con quien estaba haciendo el curso, la celebración se dejó para la mañana del jueves. Parlantes y DJs se instalaron en la terraza del hotel desde muy temprano en un festival que viví como una fiesta latina, con un buen repertorio de música en Hindi, sazonado con música electrónica y una pizca de Reggaeton. Durante este festival, la población sale a la calle a lanzarse unos a otros polvo de diferentes colores y luego con pistolas de agua, hacer un minestrone en la piel y en los trajes de los que están celebrando. 

Después de bailar y quedar verde como un Shrek, me fuí a la calle a intentar hablar con los habitantes locales, para preguntarles qué significa para ellos este festival. La mayoría me respondió: es un día para reunirse con familia y amigos. Ya con hambre, entré a un restaurante que prepara platos del sur de la India y allí una pareja de médicos que había llegado a Rishikesh solo para celebrar el Holi, me dedicaron un tiempo para contarme sobre los platos tradicionales: Malpua (Pancake de harina de trigo (cereal) y arroz (cereal)), Gujiya (especie de empanada de harina de trigo (cereal), rellena de frutos secos), y Dahi Vada (Bolas de harina de trigo (cereal) fritas y luego inmersas en yogurt). Wow, otra vez me encontré con el Pancake, esta vez en India.

No pude encontrar en ningún lugar estas tradiciones culinarias para probarlas, porque generalmente la preparación casera en familia hace parte de la celebración. Sin embargo, después de saber que una especie de crepe era uno de los platos típicos, decidí celebrar con una DOSA, que es también una especie de pancake hecho con harina de arroz (cereal) y harina de lentejas (leguminosa). Mi celebración y entendimiento del “Holi” quedó a ese nivel.

Mes y medio después, en Mayo, estando en Navdanya’s Farm en Dehradun, durante un taller de preparación de pigmentos naturales, nos pasaron un libro para ojear. Y en la primera página que abrí decía:

“La celebración del Holi, está directamente ligada con la Naturaleza. La variedad de colores del Holi es una imitación de la variedad de colores de la primavera en pleno florecer. Antes, los polvos de colores empleados para jugar en ese día, eran hechos con flores, raíces y hierbas como un homenaje a la biodiversidad de la naturaleza y que al mismo tiempo tienen propiedades terapéuticas, así como un valor sagrado. 

En la actualidad estos colores naturales, se han reemplazado por polvos de colores sintéticos con sustancias tóxicas, que afectan la salud y el ambiente. Estos polvos contienen trazas de vidrio, ácidos y otras sustancias que se fijan en la piel y generan problemas de visión, respiratorios e incluso cancer”

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Este fue mi momento ajá, ya entendí. El Holi es una celebración del fin del invierno y llegada de la primavera. Ocurre unos días después del día del Pancake en Inglaterra y de alguna manera los dos celebran el cambio de estación. En europa tiene una connotación cristina y en India una connotación Hindu, pero en el fondo, la naturaleza es la guía. Así, el Holi tiene un nuevo significado para mi, uno que nunca hubiera encontrado en los libros.

Por otro lado, me causó impacto, entender el daño de los productos sintéticos usados para la celebración en la actualidad. Y recordé que después del día del Holi, estuve verde por dos semanas porque el color no quería salir de mi piel. Inmediatamente recordé también, que hace un par de años usé un jean nuevo y en la noche al retirarlo mis piernas quedaron azules. 

Que sentido tiene celebrar los colores de las flores con un producto sintético?, me pregunté. Y ahí caí en cuenta de lo importante que es conocer el significado de los festivales que celebramos. Por años viví los días feriados en Colombia, solo como el día en que no se estudia o no se trabaja. El no conocer que día celebramos nos desconecta por completo de momentos que fueron creados en el pasado en honor a la naturaleza, sus cambios durante el año y con estos cambios el ciclo de siembra y cosecha de alimentos.

El vivir este festival por otro lado, me ha dejado una pregunta muy grande: Cómo eliminar de mi vida los tintes químicos? Especialmente los de las prendas de vestir.  Durante el taller, vi una carta de los colores que se pueden extraer de las plantas y no hay excusa para decir que no se pueden hacer tintes naturales de diversos colores. El teñido de telas con colorantes químicos, aparte de afectar seriamente el medio ambiente con las aguas de deshecho, está agregando día a día sustancias venenosas en nuestra piel. Pero cómo puedo tener todas mis prendas con colores naturales y cual es el precio? 

Fotos: Flores empleadas para extraer colores, carta de colores que se pueden obtener a partir de plantas, hojas de henna (la henna se usa principalmente como un tinte natural para el cabello y para hacer tatuajes)

Durante este tiempo en India me he dado cuenta de las grandes iniciativas de cultivo de algodón orgánico y elaboración de prendas con tintes naturales, llevando un modelo de comercio justo en donde los productores reciben la compensación adecuada por su trabajo. Pero vale la pena llevar prendas de vestir por avión a otras partes del mundo, cuando la contaminación de los aviones en sí, puede incluso llegar a ser mas grande que la misma industria textil? Solo son preguntas que me quedan abiertas.

Si alguno de ustedes tiene información de iniciativas de producción de textiles en latinoamérica con fibras y tintes naturales de manera sostenible ambiental y económicamente, agradezco la información!

Finalmente, quiero cerrar mencionando que la piel es el órgano más grande del cuerpo y por esta razón es la vía por la cual recibimos la mayor proporción de contaminantes en nuestro cuerpo. Casi que no vale tener una alimentación sana, si lo que me aplico como cremas, bloqueadores, shampoo, jabón, etc… está lleno de sustancias químicas. Lo mismo, si nuestras prendas de vestir están teñidas con fuertes químicos que lentamente van degenerando las células de nuestro cuerpo. Se que abordar todo al mismo tiempo puede ser abrumador, pero tengo certeza que hay pequeños pasos que podemos empezar a dar y uno de los más importantes es tomar responsabilidad en leer las etiquetas de lo que compremos, en comida, productos de belleza y ropa. Mi regla general es que si cuando leo una etiqueta no entiendo que dice, porque está lleno de nombres químicos, entonces no lo compro.

Mas adelante les contaré como estoy preparando mis productos de belleza (cremas, mascarillas, etc) mientras voy peregrinando, porque no hay excusa para no hacer nuestros propios productos aún cuando se esté viajando.

Por ahora, les dejo estos videos de cómo extraer de manera artesanal, colores de algunas plantas. Gracias a la finca Navdanya en Dehradun, India por entregar este conocimiento!

Colorín colorado, de colores he quedado :)

Paradigmas: Al desnudo

En los últimos 10 años mi cabello se empezó a debilitar y a caer. Tenía épocas del año en que la caía del cabello era más frecuente, como en invierno. Y en muchas ocasiones dependía del nivel de tensión interna que tuviera. Siempre escuché que raparse (afeitar el cráneo) tenía el mismo efecto de podar las plantas: se estimula el crecimiento y el cabello sale más grueso. Pero eso sonaba extremo y creía que me sentiría al desnudo. A mediados del 2018, cuando ví que los planes de un gran cambio se estaban consolidando, pensé que quería tener un acto simbólico, tipo ritual para que siempre recordara este momento de volver a empezar. Raparse sonaba apropiado y la vergüenza que sentiría al presentarme al trabajo y amigos con mi nuevo look no sería un problema, porque estaría viajando a países en donde nadie me conocía. Sin embargo, como sentía que el cambio iba a ser drástico, me corté dos meses antes de viajar el cabello por encima de los hombros para que el cambio no fuera tan “extremo”. Me prometí entonces raparme antes de salir de Londres, el mismo día del vuelo, con el fin de empezar el viaje rapada y también porque temía de las condiciones higiénicas del pueblo al que llegaría en India. Sin embargo, algo no me dejó hacerlo, sentí que no era el momento. Ahora entiendo porqué. Porque si se trataba de un ritual, tenía que hacerlo en un estado de calma, no en el medio de la ansiedad del viaje. 

Después de llegar a Rishikesh, olvidé el tema. De alguna manera, como que me arrepentí. Los días empezaron a pasar y la mente a calmar. El lunes 11 de Marzo al despertar escuché el susurro de ClauSapere Aude (mi voz interior) diciendo: señorita, hoy es el día de tu ritual. Me puse muy contenta al escuchar esa voz, desayuné y le dije al administrador del hotel en donde me encontraba: “Me puede llevar por favor a una peluquería, me voy a rapar”. El soltó la carcajada, y me preguntó: porqué? Se va a ver como un “dummy”. Aún no sé si fue un insulto. Luego me preguntó: Ya? y le respondí: Listo, vamos ya.

Cuando llegamos a la peluquería, me empezó a dar un poco de susto. Pero no había turno y entonces el proceso empezó. Con una hoja de cuchilla de afeitar gillette (Las mismas que usaba mi papá hace 40 años), sin máquina, este hombre con una maestría, empezó a quitarme el cabello, sin hesitar pero con mucha entrega a su trabajo. Cuando estaba al frente de él, se me olvidó el tema de la higiene, ya no me importó, o más bien creo que me sentía muy segura en sus manos. Con cada corte, sentía una liberación especial y al mirarme al espejo sentía que descubría nuevas partes de mi. Podía ver con más claridad mis ojos, mis gestos y mis expresiones. Luego este hombre hermoso, aplicó un aceite de hierbas y empezó a darme un masaje vigoroso. Literalmente sentía que me estaba tocando un área virgen. Esa parte de mi cuerpo, el cuero cabelludo nunca había tenido tanta atención. 

Antes de raparme, me llegaban comentarios de que en el cabello hay energía que no se puede cortar y que no se debe hacer. Agradezco a mi intuición, el no dejar que los comentarios externos me llenen de miedo, sino atender el significado que tiene para mí.

Al llegar al hotel de nuevo, estuve como una hora descubriendo una parte de mi que no conocía: Un cuero cabelludo con pecas, algunos huesos salidos, unas ligeras protuberancias y luego darme un masaje de nuevo para sentir con mis manos esa sensación de desnudez…

Después de unos días vinieron unas reflexiones, que me hicieron entender porque ClauSapere Aude me empujó a raparme:

Primero, un proceso de total amor propio aceptando cada parte de mi cara. Al estar rapada, mi rostro se veía con todos sus atractivos, más las manchitas y las arruguitas. Todo como con una lupa.

Con el paso de los días, olvidé que estaba calva. Y empecé a conocer personas, que después de establecer cierta interacción, curiosas me preguntaban, Cuando te rapaste? y porqué?. La primera vez que me lo preguntaron, antes de responder, mi mente me dijo “Ahh cierto que estoy calva”. Este hecho de haber notado que durante mi interacción con las personas no estaba considerando el hecho de estar calva, que Claudia seguía siendo Claudia y que mi alma estaba completamente desconectada de mi apariencia exterior; me hizo caer en cuenta del apego que tenía a mi imagen exterior a la hora de entablar relaciones. Y por supuesto, esto se extiende a pensar que yo soy o estoy definida por aquello que sé o por aquello que poseo. Espero ser clara, porque aún es algo que encuentro difícil de explicar. 

Me dí cuenta que cuando estoy por ejemplo, estrenando un vestido o cuando voy al peluquero a que arregle mi cabello con un peinado especial, de alguna manera me muevo diferente, tal vez las expresiones de mi cara son diferentes y hasta el tono de la voz cambia. Como tratando de sincronizar mi apariencia exterior con una imagen de quien no soy. Pero en esta ocasión, estando calva, no era así. Mi mente no era consiente de ello. Es posible que sea porque el cabello es parte de mi cuerpo, y si esta es la razón, creo que con esta experiencia pude sentir de cerca que realmente mi ser, mi esencia es independiente de mi apariencia exterior. Me sentí muy contenta, el haber puesto al desnudo esa parte de mi, que a veces se quiere “mostrar”, como alguien que no es.

La segunda reflexión de este ritual ocurrió como cinco o seis días después de raparme. Una mañana, mientras me estaba haciendo un masaje con aceites para hidratar el cuero cabelludo frente al espejo, noté dos marcas fuertes en el cráneo, atravesándolo de adelante hacía atrás, daban una impresión de cicatriz profunda. Y en ese momento noté que debido a esas marcas, mi cabeza tenía forma de huevo. Ese día estaban muy pronunciadas, ya que antes no las había notado. Unos minutos después sentí una profunda tristeza y me dieron ganas de llorar.  Sentí un fuerte dolor en la cabeza. Al tranquilizarme, le envié un mensaje de voz a mi mamá, preguntando si yo había nacido con fórceps. Esa noche, la llamé y mi mamá me dijo: “Wow, que coincidencia, anoche estaba leyendo un artículo sobre los efectos psicológicos y el trauma que algunas personas tienen cuando nacen con fórceps y me acordé de sumercé, si nació con fórceps. Siento que si se dió cuenta de ello en este momento, es porque está lista para sanar el dolor que le causó llegar al mundo de esta manera”. Con esas palabras, sonreí y le agradecí a mi mamá su conexión en este momento para poder liberarme de ese dolor que estuvo represado por años.

Finalmente, raparme ha sido una metáfora acerca de “confiar y soltar”. Me rapé con el firme convencimiento que era algo extremo y que confiaba que mi cabello volviera a crecer. Con el paso de las semanas, me sentí tan confortable, que ya no importa si crece o no. Este esta de “no importa” solo pudo llegar después de lanzarme, confiar y actuar. Le sigo dando mi atención y masajes como un acto de amor propio, desprendida del resultado final. Estoy entonces también usando esta metáfora en mi caminar. Confiar, que con cada paso en mi peregrinar, solo aquello que me va a hacer crecer va a llegar, lo demás se desvanecerá y el fin del camino no va a importar. 

Y colorín colorado, al desnudo he quedado :)

Paradigmas. Una lección de negocios en Rishikesh

El 6 de Marzo de 2019 aterricé en Rishikesh, un pueblo al norte de la India. Diez días después, empezaba un curso de yoga. Tuve entonces tiempo libre para ir a conocer el pueblo en modo “Camara Lenta” y de paso enterarme que Mooji, un líder espiritual que sigue la filosofía de no dualidad (Vedanta Advaita) estaba en el pueblo ofreciendo “Satsang”. Satsang es una reunión de personas acompañada de un líder espiritual, para escuchar enseñanzas del líder y discutir temas que principalmente se centran en conocerse a sí mismo. 

Satsang con Mooji

Satsang con Mooji

No quiero entrar en descripciones y definiciones de esta filosofía, ya que hasta ahora empecé a leer de ella y la encuentro compleja. También porque considero que las filosofías, así como las religiones se deben practicar por años, para poder muy superficialmente entender sus principios y dar opiniones.  Lo que si quiero compartir es un mensaje de Mooji que encontré muy apropiado para este momento.

Por 22 años he estado trabajando como consultora, sin parar. En algunos momentos completamente como un robot. Levantarme y empezar una rutina en un trabajo, observando desde afuera como los días vienen y van. En los momentos que lograba desconectarme y observarme, me veía como en la parte externa de un huracán, dando vueltas a toda velocidad. El ritmo de las grandes ciudades oculta la realidad, en la que no existe el tiempo ni el espacio. Sin embargo, no es fácil salir cuando se está en el huracán. Similar a lanzarse de un carro que va a 100 kilómetros por hora, después del salto se siente que algo lo empuja y el cuerpo continúa dando vueltas en el suelo hasta que finalmente se detiene por completo. Lo mismo ocurrió después de renunciar a mi trabajo, mi mente siguió a toda velocidad y el cuerpo quería continuar con la misma rutina. Mooji entonces mencionó que cuando empezamos a meditar (aquí me refiero a la práctica de observar los pensamientos, preguntarse de donde vienen, observar como desaparecen y sentir ese momento de no mente y espacio cuando ello ocurre) mas seguido, la mente no se calma al instante, ya que ocurre lo mismo que cuando se apaga un ventilador. El ventilador no se detiene de inmediato sino que continúa dando vueltas hasta que finalmente para. Eso me sucedió durante el primer mes en Rishikesh. La metáfora del ventilador era la teoría, que lentamente la viví con la práctica durante las siguientes semanas.

Muchas personas habían llegado al pueblo, con el único propósito de asistir a los Satsang de Mooji. Cuando me enteré de su presencia, me animé a ir, sin saber nada de él. Este año alrededor de 2000 personas se reunieron cada día durante un mes. Hacia las 8 de la mañana del 7 de Marzo, me dirigí al ashram y empecé a hacer la fila para entrar. La persona de adelante en la fila, era una mujer Escocesa, Pauline, con quien tuvimos una empatía inmediata. Hablamos en la fila por un buen rato hasta que nos invitaron al silencio, en preparación a la meditación preliminar al Satsang.

Cuando salimos nos despedimos y no intercambiamos datos. Yo me entretuve tomando jugo de granada en la calle. Esta fruta tiene un significado especial, porque fue una de las medicinas naturales que use en el 2018 en un proceso de sanación de pólipos en el útero, que me evitaron una cirugía complicada. Esa fruta con su cantidad de semillas, es símbolo de fertilidad y abundancia.

Dos horas después, estaba atravesando uno de los dos puentes más transitados en el pueblo y de nuevo Pauline estaba al frente mío. Con este reencuentro, ya empezamos a hablar de la vida y de nuestro proceso individual para conocernos a sí mismas. Después de unas horas, le pregunté que si conocía un restaurante saludable y me llevó entonces a “Ayurvedic Café”. Lo primero que me sorprendió fue que el restaurante no estaba en la zona turística, ni en la zona comercial. Un lugar muy sencillo, que es conocido solo por recomendación. Con una cocina semi abierta, Raj prepara los platos al momento del pedido. Nada está congelado, ni previamente preparado. Desde el corte de los ingredientes a la cocción es hecho al instante y la forma en que cocina es en total silencio concentrado en su labor. Hacía mucho tiempo no veía alguien con tanta pasión y al mismo tiempo manteniendo un estado de completa presencia. Entendí que pasión y presencia dependen una de la otra para hacer las cosas bien. La comida por supuesto, estaba llena de vida y muy natural. 

Lakshman Jhula Bridge, Rishikesh - India

Lakshman Jhula Bridge, Rishikesh - India

Las dos pedimos “Kitchari” un plato de arroz y lentejas, muy liviano, nutritivo y fácil de digerir. El Kitchari de Pauline fué de Calabaza y el mío de Espinaca. Nos disfrutamos ese almuerzo hasta el último grano. Los siguientes dos días nos encontramos con Pauline en el restaurante, al que llamamos “nuestra oficina”. Como empleamos varias horas allí, pude observar la dinámica del lugar. Se llenaba a hora de almuerzo hasta las 3pm y luego Raj no atendía por tres horas. Durante ese tiempo, se acostaba a dormir, a descansar o a hablar con sus amigos de la cuadra tomando té; dejando las puertas del restaurante abierto y a las 6 de la tarde empezaba a atender de nuevo. Pocas veces fui a desayunar, pero su rutina en la mañana empieza a las 7 am, atiende hasta las 11am y abre de nuevo al medio día.

Después de un par de visitas al restaurante de Raj, le pregunté que si era posible tener clases de cocina con él en las tardes. Como lo había visto descansando, mi mente en estado “Producir”, pensó que fácilmente el tenía el tiempo, o mejor dicho yo estaba disponiendo del tiempo de él. El me respondió: Estamos en temporada alta, en este momento no puedo. En Julio es temporada baja, entonces con mucho gusto. Yo enseguida pensé: Cómo así que no tiene tiempo, si lo ví descansando en las tardes?. Le dije, perfecto y salí. Unos minutos después caí en cuenta del estado mental que aún me acompañaba de una vida en la que busco llenar de actividad cada segundo que tengo libre. Entendí inmediatamente, que el éxito del restaurante de Raj es el respecto que él tiene por sí mismo. Su tiempo de descanso es sagrado y estoy segura que de no ser así, él no podría estar tan presente cuando recibe los pedidos, cocina y atiende a sus clientes. Su comida es tan especial, que no necesita publicidad, no se encuentra en internet y mucho menos en las redes sociales. El restaurante siempre está lleno porque quien va por primera vez siempre vuelve y con compañía. Esa es la mejor estrategia de mercadeo.

Al siguiente día, me encontré de nuevo con Pauline y le conté que alcancé a juzgar a Raj, e incluso el pensar que era perezoso. Ella me respondió, para eso es exactamente la meditación, para que con la mente en calma, podamos ver la realidad, disolvamos la ilusión y como consecuencia dejemos de juzgar a los demás. Luego me contó una metáfora: Cuando intentes meditar recuerda que eres un conductor de un carro. Imagínate que vas manejando y de repente empieza a llover, tu activas los limpia brisas de tu carro, pero tu mirada permanece en el tráfico adelante. En ningún momento te pones a seguir el recorrido de los limpia brisas, porque si es así te vas a estrellar. Los limpia brisas son los pensamientos que llegan como una granizada cuando estamos intentando meditar. Me dió mucha risa la metáfora y empecé a mover la cabeza simulando seguir el movimiento de los limpia brisas y lo tonto que sería la hipotética situación. Pauline encontró chistosa mi reacción y las dos moviendo la cabeza empezamos a reir sin parar.

En ese momento llevaba un par de semanas sin tomarme un café, entonces al terminar de reírnos le pregunté, sabes en donde podemos encontrar un buen café, y Pauline mi nueva amiga que se conocía los sitios especiales de Rishikesh, me llevó a un nuevo lugar, en donde terminamos el día con café y brownie sentadas en la calle, observando las vacas pasar. 

El brownie que no me puede faltar!

El brownie que no me puede faltar!

Festivales y Comida 1. El Día del Pancake. Londres, Inglaterra

Tres meses antes de mi viaje a esta peregrinación culinaria, una amiga me prestó el libro “Sacred Food” (Comida Sagrada) de Elizabeth Luard que presenta, a través de recetas, la forma mediante la cual diversas culturas en el mundo relaciona la comida con sus creencias espirituales: Festivales y ceremonias se llevan a cabo durante los cambios de estación, momentos de siembra y cosecha, nacimiento y muerte de profetas, o para rendir homenaje a los elementos (aire, agua, fuego, tierra, éter), etc. 

Uno de los festivales mencionados en el libro es el Día del Pancake celebrado a finales de Febrero o principios de Marzo todos los años en algunos lugares de Europa. Esta celebración ocurre el martes anterior al miércoles de ceniza. El miércoles de ceniza marca en la religión cristiana, el inicio de la cuaresma: un periodo de recogimiento para permitir una renovación interior. Hasta hace no muchos años, de hecho cuando era niña, la cuaresma era un periodo de ayuno, que consistía en 40 días de comidas livianas y austeras. Por esta razón, el martes anterior al inicio del ayuno, era el último día de comer alimentos ricos en grasas, harina y azúcar y así gastar estos ingredientes que no se iban a usar durante la cuaresma. Una de las recetas que se ajusta a estos ingredientes es el pancake o crepe y en Inglaterra desde la edad media la forma de celebrar este día, es con una competencia corriendo con un sartén en la mano, dándole vueltas al crepe, sin dejarlo caer al piso. El nombre en inglés de esta celebración es “Shrove Tuesday”, que se traduce como, Martes de Carnaval.

Tan pronto leí el significado de este día, vino a mi mente el “Carnaval de Barranquilla” en Colombia, el “Carnaval de Rio de Janeiro” en Brasil y el “Carnaval Mardi Gras” en Nueva Orleans en Estados Unidos. Todos ellos ocurren al mismo tiempo. Me imagino que hay muchos más carnavales en otros países. Todos celebramos lo mismo, a nuestra manera!

Curiosamente, este día se aproxima a la fecha del equinoccio de primavera que es el cambio de estación de invierno a primavera en el hemisferio norte. La temperatura empieza a subir y por ello es el mejor tiempo del año para ayunar, dejar descansar este organismo que trabaja 24/7 sin parar. No es coincidencia entonces que todos los programas de “Detox” que están de moda en este momento, se sugieren durante este periodo del año.

Finalmente, la entrada de la primavera es una época del año de nuevos proyectos, empezar de nuevo, los retoños empiezan a brotar después del invierno, las flores empiezan a abrir y con sus colores nos inspiran para los nuevos comienzos. En el taoísmo y en algunas otras tradiciones místicas ancestrales, la estación de la primavera se relaciona con el Este, es decir el punto cardinal por donde vemos en la tierra salir el sol y disfrutar el amanecer. Por lo mismo, la primavera está asociada al renacer.

Después de leer acerca de este festival, supe enseguida que ese día sería la fecha en que iba a salir de Londres para emprender este viaje culinario y que lo iba a empezar en Inglaterra participando de esta celebración, como un símbolo del inicio de este nuevo proyecto, Después de todo, llevaba viviendo 10 años en Londres y nunca me había enterado del significado de esta celebración. Lo único que veía era la publicidad en los supermercados y todas las estrategias de mercadeo enfocadas en promover la compra de equipos de cocina y kits para hacer pancakes. Las abuelas se reirán de nosotros, observando como nos complicamos cuando ellas utilizaban un sartén plano sencillo, para no solo una sino muchas recetas! 

En el pueblo de Olney, Buckinghamshire en Inglaterra, las carreras con el sartén en la mano se celebran desde 1445 y son las más populares del país. Quise ir a presenciarlas, pero mi avión hacia Nueva Delhi salía a las 6 de la tarde de Londres y entonces no podía salir muy lejos de la ciudad.

El Martes 5 de Marzo, me levanté muy temprano a despedirme a mi manera: Comiendo pancakes! Uno saladito para empezar y luego uno dulcecito para cerrar. Un pedacito de pancake, untado con la yema blanda de ese huevo pochado y un poquito de guacamole es un sabor que difícilmente voy a olvidar en los Martes de Carnaval.

Después, me uní a la celebración en el Mercado Leadenhall en Londres. 

Cuando llegué a casa a recoger mis maletas, caí en cuenta que por error grabé uno de los videos en modo “Camara lenta”. Al verlo, percibí detalles que difícilmente podría notar en el video normal: los movimientos de las personas, sus expresiones. Pensé que lo mismo pasa en la vida, vamos como en una competencia, en una carrera y nos perdemos todos los pequeños detalles. Tomé mis maletas con la intención de caminar esta peregrinación en modo “Cámara Lenta”. Este fue mi regalo en el día del Pancake. 

Los dejo con este video en cámara lenta, para ejercitar la atención, la observación y la paciencia. Este año, la cuaresma ya pasó, pero ya sabemos que tenemos una excusa el “Martes de Carnaval” del 2020, para preparar un postre regional delicioso, invitar a la familia y amigos y celebrar el inicio de un tiempo de reflexión!

El laberinto: Un viaje al interior del ser

El interés por las tradiciones místicas de los pueblos me ha acompañado desde hace mas de 20 años. Recuerdo que en el primer semestre de la universidad, vi una materia que se llamaba “Historia del mundo”, o algo parecido. Al principio del semestre académico, el profesor asignó un trabajo de investigación, que deberíamos adelantar durante los meses por venir y preparar una presentación al final del semestre. Mi tema fue: Las religiones del mundo. Hasta entonces, nunca había estada tan dedicada a un tema como en esa oportunidad. Visité durante largas horas en los fines de semana la biblioteca pública de Bogotá, devorando libros sobre el cristianismo, el hinduismo, el budismo, el islamismo, el zoroastrismo, el judaísmo. Me fasciné con el tema, anhelando el poder estar más cerca de estas religiones para entender su origen, sus principios y filosofía. La presentación salió de mi corazón y plantó una semilla de curiosidad en el tema que solo hasta hace un par de años empecé a desempolvar de nuevo.

No es raro entonces, que los eventos que me ayudaron a tomar la decisión de emprender este viaje, tuvieran que ver con ceremonias o celebraciones. Y en esta oportunidad no fué exactamente una religión, sino la experiencia con un símbolo de integridad y viaje a través de la vida: EL LABERINTO.

Al parecer la creación de los primeros laberintos fue en Mesopotamia hacia el año 5000 A.C. Mucho tiempo después la iglesia cristiana empezó a utilizarlo y fue llamado: “El camino a Jerusalén”. Así, el laberinto ha sido usado por largo tiempo para la oración y la meditación y representa el viaje hacia el centro del ser y el retorno al mundo con un mayor entendimiento de Quién Soy.

Los dejo con el video que describe algunos eventos que dieron origen al viaje que emprendí en Marzo de 2019.

Esta experiencia de los laberintos en Glastonbury en el Reino Unido y Villa de Leyva en Colombia, me motivaron a aprender a hacerlos y en Febrero de 2019, con compass en mano, me dí a la tarea de hacer unos trazos:

Luego descubrí que uno de los laberintos mas representativos es el que se encuentra en la Catedral de Chartres en Francia. Allí llegué, un viernes en la mañana y ya había un gran grupo de personas recorriendo el laberinto. Me senté a observar la belleza de la catedral y luego los diferentes tipos de peregrinos. Habían varias personas de comunidades indígenas latinoamericanas, mexicanas, grupos de europeos, de chinos y japoneses. Grupos de personas de la academia buscando identificar la precisión del diseño del laberinto. El tiempo se congeló para mi, cuando empecé a apreciar la especie de danza que se formaba en la medida que los peregrinos entraban al laberinto, la mayoría cerraba sus ojos, unos pocos elevaban sus manos y todos con fe y respeto caminaban lentamente hacía el centro. Ya en el centro cada persona empleaba un poco más de tiempo, algunos de arrodillaban, tocaban el piso y después de su tiempo en recogimiento emprendían su viaje de vuelta. Cerré mis ojos y dí gracias por la oportunidad de ir a ver esta danza hermosa.