Diario

Crónicas de una peregrinación culinaria

El laberinto: Un viaje al interior del ser

El interés por las tradiciones místicas de los pueblos me ha acompañado desde hace mas de 20 años. Recuerdo que en el primer semestre de la universidad, vi una materia que se llamaba “Historia del mundo”, o algo parecido. Al principio del semestre académico, el profesor asignó un trabajo de investigación, que deberíamos adelantar durante los meses por venir y preparar una presentación al final del semestre. Mi tema fue: Las religiones del mundo. Hasta entonces, nunca había estada tan dedicada a un tema como en esa oportunidad. Visité durante largas horas en los fines de semana la biblioteca pública de Bogotá, devorando libros sobre el cristianismo, el hinduismo, el budismo, el islamismo, el zoroastrismo, el judaísmo. Me fasciné con el tema, anhelando el poder estar más cerca de estas religiones para entender su origen, sus principios y filosofía. La presentación salió de mi corazón y plantó una semilla de curiosidad en el tema que solo hasta hace un par de años empecé a desempolvar de nuevo.

No es raro entonces, que los eventos que me ayudaron a tomar la decisión de emprender este viaje, tuvieran que ver con ceremonias o celebraciones. Y en esta oportunidad no fué exactamente una religión, sino la experiencia con un símbolo de integridad y viaje a través de la vida: EL LABERINTO.

Al parecer la creación de los primeros laberintos fue en Mesopotamia hacia el año 5000 A.C. Mucho tiempo después la iglesia cristiana empezó a utilizarlo y fue llamado: “El camino a Jerusalén”. Así, el laberinto ha sido usado por largo tiempo para la oración y la meditación y representa el viaje hacia el centro del ser y el retorno al mundo con un mayor entendimiento de Quién Soy.

Los dejo con el video que describe algunos eventos que dieron origen al viaje que emprendí en Marzo de 2019.

Esta experiencia de los laberintos en Glastonbury en el Reino Unido y Villa de Leyva en Colombia, me motivaron a aprender a hacerlos y en Febrero de 2019, con compass en mano, me dí a la tarea de hacer unos trazos:

Luego descubrí que uno de los laberintos mas representativos es el que se encuentra en la Catedral de Chartres en Francia. Allí llegué, un viernes en la mañana y ya había un gran grupo de personas recorriendo el laberinto. Me senté a observar la belleza de la catedral y luego los diferentes tipos de peregrinos. Habían varias personas de comunidades indígenas latinoamericanas, mexicanas, grupos de europeos, de chinos y japoneses. Grupos de personas de la academia buscando identificar la precisión del diseño del laberinto. El tiempo se congeló para mi, cuando empecé a apreciar la especie de danza que se formaba en la medida que los peregrinos entraban al laberinto, la mayoría cerraba sus ojos, unos pocos elevaban sus manos y todos con fe y respeto caminaban lentamente hacía el centro. Ya en el centro cada persona empleaba un poco más de tiempo, algunos de arrodillaban, tocaban el piso y después de su tiempo en recogimiento emprendían su viaje de vuelta. Cerré mis ojos y dí gracias por la oportunidad de ir a ver esta danza hermosa.