Diario

Crónicas de una peregrinación culinaria

El yoga: Re-conectando con la verdadera Claudia

Siempre he corrido en mi vida. Esta es una herencia de mi mamá, a quien acompañaba a correr cuando yo tenía tal vez 7 años. El parque más cercano a la casa estaba como a media hora trotando, pero valía la pena ir a este parque porque era grande y cada vuelta a la pista externa de atletismo eran tal vez 4 kilómetros. Con dos vueltas al parque era suficiente para sentir el corazón latiendo y lleno de vida.  Corría sin ningún propósito o intención diferente a la de disfrutar la sensación que me generaba. Seguí corriendo por algunos años durante mi adolescencia y al llegar a la universidad y empezar la vida laboral casi que abandoné esta pasión por completo. En el 2007 empecé a correr de nuevo, pero esta vez, un poco contaminada por la idea de la competencia y los límites, lo convertí en mi afición. Justo en el momento en que las competencias de 10 kilómetros, media maratón y maratón estaban de moda. Es curioso, porque recuerdo que cuando era niña corría con cualquier tipo de zapatos deportivos, el hecho era que me sintiera cómoda con ellos. Cuando en el 2007 empecé a trotar de nuevo, la cosa se empezó a complicar, las tiendas de deportes ofrecían una variedad de calzado para cada deporte específico y cada marca profesaba tener la última tecnología para los atletas, con la mejor suela para amortiguar el impacto en las rodillas, las mejores telas para facilitar la transpiración del pié, etc. Cuando era niña el punto era trotar; ya en mis 30 el trotar incluía emplear unas cuantas horas en una tienda de deportes para escoger los zapatos más apropiados!

Al principio tuve que empezar a construir la resistencia necesaria para poder soportar largas distancias, pero mis músculos empezaron a recordar rápidamente mis carreras de años atrás. Estoy casi segura, que cuando era adolescente corría trayectos más largos, pero como no sabía la distancia, mi cuerpo me avisaba cuando parar. En cambio, al tener el número 10 kilómetros, 20 kilómetros, etc.. en la mente de alguna manera sentí que ponía una barrera o llevaba mi cuerpo más allá de sus límites, dejándome llevar por información externa, en lugar del ritmo de mi respiración.

No puedo negar que disfruté esos años de competencia, pero entre más corría, mayores metas me ponía. Como no contaba con un entrenador, decidí, entrenarme yo misma y terminé comprando sensor de ritmo cardiaco para el pecho y contador de pasos para los pies. Al final, cuando salía a correr, necesitaba un buen tiempo antes para “robotizarme” con tantos aparatos. Y para completar, me dio por empezar a correr con música. Ahora me da risa, porque si recreo esta imagen es como si me metiera en una burbuja y saliera a correr. Nada parecido a cuando era niña, bastaba de una camiseta, una pantalonera y unos zapatos cualquiera y salir a correr y como regalo escuchar los pájaros que apenas se estaban despertando cuando llegábamos al parque con mi mamá.

Con esa mentalidad competitiva, terminé compitiendo con sí misma: corrí en Bogotá varias carreras de 10 kilómetros y una media maratón. Y entonces, llegó el momento de partir hacia el Reino Unido. Bogotá está ubicada a 2600 kilómetros a nivel del mar, lo que significa que cuando llegué a Londres, en donde la topografía es muy plana, mi estado físico estaba perfecto, tenía mayor resistencia y con esa sensación, el deseo de empezar a correr para participar en maratones en Europa se convirtió en mi obsesión. Empecé entonces con carreras de 10 y 15 kilómetros y pronto me lancé a una media maratón en Diciembre del 2011. Con el acelerador puesto en todos los aspectos de mi vida, me propuse correr la primera maratón de Londres en Abril de 2013.

Y así empecé a entrenar, principalmente en Hyde Park, en el centro de Londres. Todos los días después del trabajo corría mínimo 5 kilómetros y los fines de semana hacía mi auto-entrenamiento de 10 k, 15 k..y lentamente iba aumentando un kilómetro cada semana. Todo estaba bien, hasta que al final del 2012, empecé a tener un dolor ocasionado por la fascia plantar. No le presté atención, porque correr la maratón era más importante. Tan pronto calentaba, el dolor se iba y luego me tenía que aguantar de nuevo el dolor horas después de terminar de correr.

En Marzo del 2013, un sábado llegué a Hyde Park a entrenar y tan pronto di el primer paso para empezar, un dolor intenso (más parecía como corriente eléctrica) empezó en el talón derecho, subió hacia los gemelos, replicó en la rodilla y terminó en el glúteo y me tumbó al piso…me hizo llorar. No me pude levantar del piso de nuevo. Mi amado en esa época me levantó y nos devolvimos en taxi a casa.

No pude caminar por una semana hasta cuando finalmente visité al médico y empecé terapias de rehabilitación. El diagnóstico de los terapeutas fue que no podía volver a correr, porque mis rodillas estaban seriamente afectadas. Plop! Tuve un choque emocional fuerte por un par de meses, porque correr se había convertido en parte de mi vida. Estuve en terapias todo el 2013. En Marzo de 2014 mi amiga Miss Kiwi que llevo en el alma porque me ha mostrado varios caminos en mi trabajo personal, me invitó a un retiro de Yoga en Francia. Lo que yo entendía por yoga en ese momento era estiramiento y algo que practicaban las personas que no les gustaba hacer ejercicio, que no les gustaba poner su corazón a toda revolución. Sin embargo, acepté. 

Con ese pre-condicionamiento acerca del yoga, llegué al curso con un comportamiento un poco arrogante, diciéndome a mí misma que sería fácil, porque al final del cuento yo corría largas distancias, y para mi ego eso era mejor que cualquier otra cosa. Por otro lado, tengo una flexibilidad natural desde niña y entonces me dije: “esto va ser pan comido”.

Oh sorpresa, cuando en la primera clase me sentí un desastre. Lo que más me llamó la atención fue mi falta de coordinación, ocasionada por la poca concentración cuando estaba atendiendo las instrucciones. La flexibilidad que tenía no me servía para nada y mejor no hablar del equilibrio. Mi mente empezó a excusarse diciendo: “Es porque no ha podido correr, ni hacer ejercicio en el último año”.

Hay algo curioso en mi personalidad, tengo una fuerte inclinación por las experiencias desconocidas, los caminos menos recorridos, por probar cosas nuevas, por empezar de nuevo, por aprender de temas de los cuales no tengo ni idea. Sin embargo, durante la primera fase, cuando veo que no tengo la competencia (porque por supuesto hasta ahora estoy aprendiendo), me da rabia conmigo, siento impotencia al no tener el conocimiento de inmediato, porque lo quiero saber ya. Y entonces los tres primeros días en el retiro fueron de frustración y rabia.

Al cuarto día, por unos segundos durante una de las poses que explicaba la profesora sentí mi respiración. Por primera vez tenía esa sensación de tener la paciencia necesaria para sentir cómo el aire entró, alimentó algo por dentro y después salió, fueron segundos. En ese momento, sentí que había algo en esta práctica y que quería conocer más. Los días siguientes, fluctuaron entre la motivación de querer saber más acerca del yoga y aún algo de frustración y rabia por no saber nada. 

Al final del retiro, le pregunté a la profesora que si conocía un buen profesor en Londres. Me dió un nombre y ahí quedó anotado en una libreta. Durante los siguientes meses, me convencí a mí misma que no necesitaba profesor, que podía aprender yoga en youtube. Hasta que finalmente un día, me desperté y me pregunté: A quién estoy engañando?. Busque en mis apuntes, el nombre y luego en internet la dirección. Y me fuí directamente esa mañana para allá. Eso fue en Agosto del 2014 y nació como una curiosidad por aquello que sentí por segundos en el retiro y como una alternativa al no poder volver a correr.

Puedo decir que lo más valioso de la práctica del yoga hasta el momento ha sido trabajar esa parte de mí que no tiene paciencia y cultivar humildad. Empecé como una principiante y aún soy principiante. Mi proceso ha sido muy lento. Pero el bajar la cabeza y decir: ok, no sé nada de yoga, aquí estoy, ha sido ya una gran lección. Y por otro lado, tener la paciencia de practicar una y otra vez las mismas pocas poses, porque el profesor no me dejó avanzar por años; ha sido lo más valioso para mí. Empecé a estar contenta con lo poco que puedo hacer y desde ese estado es donde he sentido la sabiduría del yoga. 

Mis prácticas todos estos años fueron 3 o 4 veces a la semana en las mañanas antes de ir a trabajar. Y aquí no puedo pasar, sin expresar gratitud a mi profesor Hamish de Ashtanga Yoga London y al grupo de ayudantes, quien por 5 años tuve una relación profesor-estudiante en cual aprendí que es posible enseñar sin hablar, con simples ajustes cada día me dió a probar el yoga con gotero.

Después de 3 años de práctica, empecé a sentir como ciertas poses tocaban algo dentro de mí, que generaban emociones fuertes al punto que me hacían llorar. No entendía porque estaba pasando, porque no tenía razones para llorar, sin embargo la práctica activaba algo dentro. Ahí me di cuenta que algo se estaba moviendo no solo en mi cuerpo físico, sino también en el emocional. Y entonces, quise dedicar un tiempo para conocer un poco más y es así como mi viaje en el 2019, ha empezado con un curso de yoga en India. Al menos, podía practicar, sin limites de tiempo y no tener que salir corriendo a trabajar.

El 12 de April de 2019 terminé el curso en Rishikesh, un curso que se enfocó en sentir. Quiero compartir con ustedes unas lecciones muy sencillas que aprendí durante este mes en India gracias a la guía del profesor Matthew Sweeney. No tiene que ver para nada con lo que mi cuerpo físico puede hacer, porque un mes en India, un mes en Londres o en mes en cualquier parte del mundo es lo mismo. Venir un mes a practicar yoga a India no significa que voy a avanzar más en comparación con practicar en otra ciudad, tampoco ocurre a nivel emocional, psicológico o espiritual. El cuerpo, la mente y el alma tienen su ritmo, no se puede obligar a tener saltos cuánticos, con tan solo visitar otro país.

Comparto entonces algunas frases e ideas que me abrieron a otras posibilidades de reflexión durante el curso:

  • Qué es ser saludable? Es el comportamiento y la reacción que tenemos ante la enfermedad. Esta visión de “que es ser saludable” me encantó!

  • Qué es el apego? Comer de cierta manera para perder peso, practicar yoga para llegar a un estado especial, en otras palabras hacer las cosas de cierta manera para obtener algo. Cuando hacemos las cosas buscando obtener algo o llegar a cierto estado, estamos de inmediato diciendo que no estamos contentos con lo que tenemos o somos hoy. Y entonces, el punto de partida de por sí, es equivocado.

  • Como ser mas saludable? Estar feliz con lo que tiene hoy, no esperar a comer algo especial o a tener tiempo para practicar yoga por ejemplo.

  • La disciplina no conduce a la iluminación. Este es un tema que está en gran discusión en el momento, ya que se está llegando al punto de debatir cuál es el “mejor” tipo de yoga, cuál es el “original”, cuál es el “tradicional”. Algunas prácticas mencionan que si no se madruga a las 3 de la mañana a practicar, siguiendo unos rituales particulares durante 6 días en la semana, no se es devoto, no se está haciendo lo correcto. En mi opinión, esta visión nos lleva a crear de nuevo división. Podemos practicar al pie de la letra con instrucciones, pero si por ejemplo, después de la práctica salimos a trabajar y allí hablamos mal de nuestros compañeros, no colaboramos, no trabajamos en equipo, la misma da.

  • Estar en equilibrio no significa eliminar cosas, sino reconocerlas. Este tema del yin y el yan se ve tan simple, pero en realidad, al menos en mi caso, su aplicación es una maestría de por vida. Este nuevo significado de lo que es estar en equilibrio y tener una vida balanceada, ha puesto paz en mi corazón en relación con cuestionamientos internos sobre eliminar necesidades que aparentemente no están bien. El solo reconocerlas, abre el espacio para que empecemos a observar quién es el que está deseando o creando la necesidad. En ese punto entendemos el origen del deseo, de manera que eventualmente nuestra observación nos lleva a decidir hasta qué punto dejo o no dejo de hacer algo.

  • La teoría paradójica del cambio menciona que “El cambio se produce cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es”. Esta teoría puede tener repercusión profunda en todos los cambios que estamos enfrentando en el mundo o aquellos cambios que deseamos promover en nosotros o en nuestras comunidades. Cuando hablamos de cambio usualmente hacemos un mapa mental de cuál es la situación actual y cuál es la situación deseada y luego se diseña un plan para lograr la situación deseada. 

    • A nivel personal: Estamos bombardeados por los medios de información, de una imagen idealizada de cómo debemos vestirnos, como debemos lucir, como debemos hablar, que capacitaciones debemos tener para lograr los cambios que deseamos en nuestra vida. La teoría paradójica del cambio refuerza el hecho, de que no nos debemos “convertir” en algo, sino simplemente volver a ser quién realmente somos.

    • A nivel corporativo: Por años estuve asesorando procesos de cambio en diferentes compañías y puedo decir que en la mayoría de los casos, las empresas implementan cambios movidas por lo que está de “moda”, por lo que más “vende”, pero no se han dado cuenta que la esencia de la compañía, esa intención inicial que motivó su creación, está completamente olvidada. Las empresas han dejado de ser quienes verdaderamente son. Y por ello, el motivo de sus crisis.

Después de toda esta historia, lo mejor de este cuento es que volví a correr y a subir montañas. Esta vez, sin aparatos, sin música, sin competencia; porque con la práctica del yoga he aprendido que para resistir físicamente y emocionalmente cualquier circunstancia, la clave está en la respiración y en observar los pensamientos que llegan a mi mente, para ponerlos en su lugar. El yoga me ha servido para volver a correr y treparme en las montañas como cuando era niña, me re-conectó con esa niña interior. Quiero aclarar que el yoga llegó a impactar mi vida de esta manera, pero estoy convencida que no es la única vía y cualquier otra práctica o actividad que se realice con amor, nos hará crecer y re-encontrar con esa niña interior.

Trepada de Montaña: Templo Kunjapuri. Caminata para ver el amanecer, respirar, compartir con amigos, ver la presencia del masculino y el femenino en la naturaleza (las flores, que nos encontramos por el camino), y al final refrescarnos con jugo de caña de azúcar con sal para recuperar los minerales que el cuerpo perdió al sudar durante la caminata

Ahhh y que pasó con la comida? Los desayunos han sido desde siempre en mi vida la comida mas importante durante el día. La práctica de yoga requiere de un estómago vacío y nuestras clases terminaban alrededor de las 11 de la mañana. A esa hora un desayuno cargado de cereales o frutas en diferentes versiones, se convirtió en la mejor forma de consentirme durante este mes. Los dejo con algunas ideas de desayunos!

  1. Upma: Una especie de mazamorra preparada con semolina de trigo tostada o harina de arroz, con vegetales y mani. 2. Lassi de Rosa. Yogurt licuado con dulce de Rosa. 3. Jugo de verduras y frutas: espinaca, apio, manzana. 4. Parantha (pan de trigo relleno de verduras con papas cocinadas y doradas con comino. 5. Ensalada hecha en mi cuarto en el hotel con hojuelas de arroz de base con nueces y frutos secos y papaya y granada por encima. 6. Kombucha (te fermentado con bacterias que ponen contento a nuestro intestino. 7. Ensalada de frutas al frente del rio Ganges. 8. Desayuno al mejor estilo de Raj (Quién es Raj?) con granola (cereales y frutas) hecha en casa

Mi curso de yoga terminó y con estas enseñanzas a mediados de Abril del 2019, tomé un avión que me llevaría a la ciudad de Amritsar en el distrito de Punjab, en la frontera con Pakistán. Ojeando la revista de la aerolínea en el avión durante el vuelo, encontré esta frase:

“El viajero ve lo que el ve, El turista ve lo que él a venido a ver” Gilbert Chesterton

Sonreí, miré las nubes del cielo por la ventana del avión y le recordé: Claudia Victoria, recuerda que eres una viajera o mejor una peregrina, no una turista!