Diario

Crónicas de una peregrinación culinaria

Festivales y Comida 3. Festival Vaisakhi. Un templo dorado, un libro sagrado, una comida bendecida

En Enero de 2019, una noche en Londres, me dió por ver uno de los capítulos de la serie “La historia de Dios” de Morgan Freeman. En este documental Mr. Freeman entrevista varias personas de diferentes creencias para entender algunas de las preguntas que han acompañado a la humanidad desde que existe: Quién es Dios? De dónde venimos? Qué pasa cuando morimos?. Me estaba viendo el documental desde hace unos meses, poquito a poquito, para poder absorber lo que veía en cada uno de ellos. Esa noche de Enero, me dió por ver el capítulo acerca del Sijismo. Morgan visitó el Templo Dorado, ya que es el sitio más grande de peregrinación de esta creencia. Cuando escuché que era en India, busqué en dónde estaba ubicado. Para mi sorpresa estaba también al norte de India no muy lejos de Rishikesh, en ese momento supe inmediatamente cuál sería el siguiente destino después de terminar el curso de yoga.

Durante mi búsqueda en internet, me enteré que el festival mas grande del año ocurriría el 14 de Abril. Esa fue la señal de que debía asistir a este festival, porque el curso de yoga terminaba el 12 de April, así que todo estaba mágicamente planeado.

En el video cuento un poquito en qué consiste el Sijismo. Tiene algunas imprecisiones porque empecé a grabar sin planear, ni prepararme y entonces registré la visión del sijismo desde el punto de vista de algunos creyentes con quienes hablé. De ninguna manera representa una descripción producto de una investigación.

En la mañana del día del festival, salí a conocer un poco las calles de la parte antigua de la ciudad de Amritsar, la capital del estado de Punjab que está ubicado al norte de la India, muy cerca de la frontera con Pakistán. Esta caminata me encantó…calles angostas con pequeños locales comerciales, uno enseguida del otro. Todos los locales atendidos por hombres, que estaban sentados en el piso, con sus piernas cruzadas, como en posición de yoga. No habían asientos en la mayoría de los locales y por ello su facilidad para sentarse cruzados de piernas por horas. Era un bazar, en donde encontraba cualquier cantidad de telas, comida, utensilios para la cocina, molinos de granos, joyería, etc…

Luego me fuí a visitar el restaurante Kesar da Dhaba, que me recomendaron como un restaurante tradicional de la comida de Punjab. El norte de la India, tiene marcadas estaciones. En invierno hacia las montañas las temperaturas pueden caer a cero grados y en verano tiene picos de 45 grados centígrados o incluso mas. En cualquier caso, la comida es bien consistente: siempre cereales (algún tipo de pan de trigo como Chapati o Parantha y arroz), leguminosas (lentejas, fríjoles, garbanzos) y vegetales en cosecha. Yogurt o cuajada de leche siempre acompañan las comidas para ayudar en la mezcla de sabores. Ese día, le encimé uno de los postres tradiciones de esa región: Matka Phirni (pudín de arroz con azafrán y pistacho decorado con papel de plata por encima), preparado en recipiente de barro. Esta receta quedó anotada para hacer mi propia versión con leche de coco o leche de almendras cuando tenga una cocina a la mano. Mientras me servían, me dí cuenta como llegaban familias numerosas, de mas de 8 integrantes: los papás y algunos hijos con sus parejas y los nietos. Su pedido llegaba a la mesa en tazas grandes y todos compartián de todo, es decir no servían en platos independientes, sino que pedían variedad de platos y todos compartían. En una estadía en una casa de familia más adelante, me contaron que es normalmente la forma de comer. Todo se pasa a la mesa y la familia rota las tazas con comida y todos comparten. Fue muy especial, allí en el restaurante observar la danza de platos de comida de un lado para otro, las conversaciones entre ellos con tonos fuertes y las carcajadas de seguramente chistes que estaban contando en el idioma Panjabí.

Ya con mi barriga llena y corazón contento, me fuí a buscar el Templo Dorado. Estaba como a 20 minutos caminando pero casi no llego. Por el camino, empecé a encontrar más templos de la misma creencia y cómo era día del festival de Vaisakhi, todos estaban cocinando y ofreciendo comida a los peregrinos. Me entretuve en cada uno de ellos viendo cómo los voluntarios disfrutaban su momento cocinando y con devoción haciendo pausas para orar. Por momentos pensaba: “tiene que caminar rápido” porque va a anochecer y tal vez se acaban las celebraciones en el Templo Dorado. Sin embargo, mi ClauSapere Aude respondía: “si se acaban las celebraciones no importa, ya estás feliz con lo que estás viendo y viviendo”. Y así, me recorrí, uno a uno los templos, observando y por momentos uniéndome en meditación con los presentes.

Fotos: Mezcla de la harina con el agua para preparar la masa de los chapatis: pan de harina de trigo integral ( primera foto de la segunda fila); producción manual de chapatis por etapas de proceso: preparación de masa, amasado, armar los chapatis, cocinar los chapatis en el fuego (foto del medio), colocar Ghee (mantequilla clarificada) a cada chapati (última foto)

Después de 2 horas finalmente llegué al templo dorado. Es un templo de aproximadamente 5 cuadras a la redonda. Hay tres puntos a las afueras para que los peregrinos dejen sus zapatos y entren descalzos. Entré lentamente y con mucho respeto por una religión que poco conocía, me quería dejar llevar por lo que sentía. Lo primero que me encontré a la entrada fue una estación de comida y allí quedé en asombro con la cantidad de comida que estaban cocinando y el tamaño de las ollas. Los peregrinos hacían fila para comer, yo me comí unas lentejas, con un sabor delicioso, porque la comida estaba bendecida. Me quedé como una hora viendo pelar grandes cantidades de cebolla y la cocción en las pailas gigantes. Cuando ví una se las ollas desocupadas, me reí, porque enseguida pensé que dos Claudias cabían perfectamente allí. 

Después de una hora, empecé a entrar hacia el templo y cuando llegué a la parte central, me senté. El movimiento del agua, las oraciones de fondo, el cielo azul y el color oro del templo me relajaron completamente y en silencio dí gracias a Mr. Freeman por haber servido de canal para que yo pudiera estar allí.

Luego ví que la gente estaba haciendo fila para entrar a la parte principal del Templo Dorado y me decidí. Había visto en el documental de Morgan que los sijes creen en un único Dios y en las enseñanzas que están registradas en el libro sagrado Gurú-Grant-Sajib. El libro original se encuentra en el Templo Dorado y hay réplicas en los demás templos. Tardé una hora, en una fila que avanzaba con el canto de las personas en oración, muy despacio y en tranquilidad. Finalmente llegué y descubrí que los cantos que había venido escuchado por parlantes venían de un grupo que estaba cantando y tocando instrumentos en vivo adentro. Ellos estaban sentados muy cerca del libro sagrado. Los peregrinos entrábamos y le dábamos vuelta al libro, algunos se arrodillaban e inclinaban su cabeza y luego salían. El flujo de personas era constante. No era permitido tomar fotos allí adentro.

Unos días antes una amiga de Londres, cuya familia era originaria de esta región de la India, me sugirió que no fuera el día del festival, porque la cantidad de gente me dejarían una mala experiencia. Sin embargo, sentí que me quería unir. Si, había mucha gente, pero todos estaban en un estado tan pacífico, que en realidad no se sentía el número de personas. Siento que el hecho de que todos los peregrinos estaban felices con la celebración, hacía que no percibiera individuos, sino un todo. En la noche cuando llegué a casa, busqué en google cuantas personas visitan el templo el día de este festival. Y me encontré que el número está por encima de 100,000. 

Me senté en un rinconcito del segundo nivel del templo, al lado de una ventana, mirando hacia fuera las piscinas de agua. Y allí me quedé por un buen rato, con mi corazón en paz y en comunión con la diversidad. De repente sentí que me estaban tocando el brazo, era la mujer que estaba sentada justo a mi lado. Ella estaba leyendo partes del libro sagrado, de una copia de un pequeño folleto que estaban entregando a los peregrinos. Estaba en otro idioma  que me imagino era Panjabí, así es que no pude conocer su contenido. Ella se llenó de curiosidad, ya que se notaba que yo no era de esos lados. Los hombres van con un turbante y las mujeres con Sarees, vestidos largos. Yo me veía como un mosquito en leche y eso le llamo la atención. No hablaba inglés murmuró: Country? País? Respondí Colombia; luego se quedó mirándome a los ojos por unos segundos, bajo su mirada hacia el libro como queriendo que yo entendiera lo que decía el libro y después continuó con su oración.

Feliz de haber tener tenido esta interacción, salí de allí y me bajé de nuevo hacía el área de las piscinas y me dí cuenta que todos estaban con unos platos en la mano. Le pregunté a alguien y me indicó con el dedo en dónde podía tomarlo. Cuando me acerqué a una especie de cabina en donde estaban entregando estos platos, vi el letrero “Karah Parshad”. Es una comida sagrada, una Halva, que se prepara con la misma proporción de semolina de trigo, Ghee (mantequilla clarificada) y azúcar. Es una especie de ofrenda que los peregrinos reciben al visitar el templo. De nuevo me senté a degustar esta ofrenda, esta vez sentada en la orilla de la piscina. Mientras me comía la Halva, me dí cuenta que algunos hombres se quitan algunas prendas y se metían en el agua, lo mismo que algunos niños. Más tarde me contaron, que el bañarse en la piscina es un acto simbólico de limpieza, purificación y bendición. El mismo significado que tiene el agua en varias creencias.

Karah Parshad: Halva. Dulce preparado con semolina de    trigo   ,    Ghee    (mantequilla clarificada) y    azúcar

Karah Parshad: Halva. Dulce preparado con semolina de trigo, Ghee (mantequilla clarificada) y azúcar

Ya el atardecer estaba llegando, y recordé que un amigo me dijo: “trata de ir a las cocinas del templo”, al Langar, comedor comunitario. Muy tímida, empecé a acercarme al área que me indicaron como cocina y vi una gran fila. Caí en cuenta que estaban haciendo fila para recibir la comida y entonces empecé a hacer fila. Es un comedor que acoge a  entre 1000 y 1200 peregrinos en una sola sentada y cada 20 minutos entra un nuevo grupo. Hay dos comedores iguales. Se vale repetir, solo levantar la mano basta para que uno de los voluntarios corra al sitio en donde una se encuentra y sirva un poco más.

Cuando terminé de comer, le pregunté a uno de los voluntarios que si podía entrar a las cocinas. El empezó a buscar a alguien que entendiera un poquito de inglés y así fue, tuve la fortuna de ser guiada por un hombre maravilloso que con mucha paciencia me llevó a lo que considero un complejo de producción de comida fresca, hecha con las manos, saludable y preparada con mucha devoción. El Templo Dorado está abierto 365 días al año, 24 horas al día siempre ofreciendo comida gratis a los peregrinos. En ese día: 100,000 comensales!

Después de este acto culinario, regresé a la piscina justo en el momento en que la noche estaba llegando. Una oración empezó y todos de pié empezaron a orar. Cerré mis ojos y me dejé llevar por la devoción de todas estas personas que estaban a mi alrededor. Después de un rato regresé al hotel y desde la terraza pude presenciar la celebración con fuegos artificiales. Con ello cerré mi día y entendí que la conexión con mi espíritu está asociada a compartir la oración y la comida.


Colorín Colorado, Dorada como el templo he quedado